martes, 24 de junio de 2014

Adoro estar sola.

Me encanta pasear en días frios, pensar en lo que me gustaria que pasara algún día,  mirar al suelo y no hablar con nadie. Solo oler el aire fresco, andar por caminos de piedra  o por el césped mojado. Fuera de la ciudad, sin gente, sin disturbios ni agobios. Yo y la naturaleza solas. Quizá llorar, ¿por qué no? Nadie me ve, me puedo desahogar.  O sonreír por lo cómoda y libre que me siento en esos momentos. Poner música mientras paseo por los alrededores. Soy yo misma y nadie me puede juzgar. Por eso adoro estar sola.

La vida está hecha para improvisar.

De este que te da por pensar en cosas del pasado, que se quedan ahí y no vuelven, recuerdos que te hacen feliz pero a la vez te están matando, historias que querías que se volvieran a repetir. Te quedas pensando en el pasado y no vives el presente. Son momentos realistas en los que te das cuenta de qué no sabes si vivirás el presente tan bien o tan mal como el pasado y tampoco sabes si te augura un buen futuro. La vida esta hecha para improvisar, solo tienes que saber como hacerlo.